Culhwch y Olwen
Culhwch
recibió el nombre de la porqueriza en la que había nacido. Siendo muy
joven irritó a su madrastra, quien acabó jurando que no conocería a
ninguna mujer hasta que ganara la mano de Olwen, la hermosísima hija
del gigante Ysbaddaden.
Culhwch acudió a la corte de su primo Arturo
en busca de ayuda. Allí se había reunido un grupo de personajes
extraordinarios para buscar el castillo de Ysbaddaden. En sus viajes
encontraron al pastor de los gigantes, cuya esposa resultó ser tía de
Culhwch. Cuando ésta supo de su búsqueda se resistió a ayudarle, pues
había perdido a manos del gigante a veintitrés de sus veinticuatro
hijos. De todos modos preparó un encuentro entre Culhwch y Olwen. Olwen
era más bella de lo que Culhwch podía imaginar, por lo que le juró su
amor eterno. También Olwen estaba enamorada, pero no quería dejar a su
padre sin su consentimiento, pues sabía muy bien que su destino era
morir el día en que ella se casase. Culhwch tenía que presentarse a
Ysbaddaden, le dijo ella, y preguntarle qué aceptaría a cambio de la
mano de Olwen.
Culhwch y sus compañeros se abrieron camino
combatiendo hasta el castillo, donde Ysbaddaden les tuvo tres días
esperando su respuesta. Finalmente cedió, entregando a Culhwch una
desesperante relación de hazañas a realizar. En total eran 39, muchas
de ellas relacionadas con la caza de Twrch Trwyth, hijo del príncipe
Taredd, que había sido mágicamente transformado en jabalí. Ysbaddaden
tenía especial interés por conseguir un peine y unas tijeras de entre
las orejas del jabalí: ninguno de los suyos tenía fuerza suficiente
para hacerle un buen afeitado.
Finalmente el propio Arturo dirigió
la expedición que logró seguir la pista de Twrch Trwyth y de sus siete
jabatos hasta Tsgeir Oervel, en Irlanda. Tras una larga y sangrienta
batalla Arturo y sus hombres les persiguieron a lo largo del mar de
Gales. Allí siguieron haciendo estragos hasta que arrojaron al jabalí
al río Severn. Y mientras el animal luchaba contra la corriente, dos
hombres de Arturo le arrebataron las tijeras y el peine que tenía entre
las orejas.
Culhwch regresó al castillo de Ysbaddaden con ellos y
todos los demás objetos que había sido retado a reunir. Reclamó a Olwen
como esposa y afeitaron las barbas del gigante. A continuación Goreu,
último hijo superviviente del pastor, cortó la cabeza de Ysbaddaden y
la clavó en una estaca.



